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En mi casa mando yo, el problema es que a veces, no se lo que está pasando


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Me pregunto;

El examen semanal de la realidad nacional puertorriqueña se ha convertido en uno penoso y desalentador. Es como observar el vuelo de un proyectil sin dirección cuyo inevitable fin está en un encontronazo con nuestra fibra social, un choque cuyo saldo a nivel económico y social, estará cobrando altos costos durante las próximas décadas.

Me pregunto, ¿cuán corta es nuestra memoria? El resultado de los forzosos despidos que la nación boricua ha experimentado y continuará experimentando durante los próximos meses es un producto de la mala administración de TODOS nuestros gobernantes, cuyos despilfarros políticos han quebrantado la economía nacional por tantos años que ahora nos vemos frente a un debacle económico tal que se hace necesario subsanar los desbalances presupuestarios a marronazos y machetazos para intentar resolver el problema de la banca, todo para que nuestro país pueda recibir inversiones adicionales de Wall Street. El resultado de estas inversiones presenta la oportunidad para que los secuaces del gobierno puedan seguir despilfarrando.

Me pregunto, ¿estaremos olvidando que cada efecto tiene un causal? Se vendió la telefónica, una vaca de dinero consecuente para nuestro gobierno, se han privatizado una gran cantidad de agencias que ofrecían servicios directos al pueblo, con el pensamiento del ahorro que estas agencias traerían al gobierno. Se le ocurrió a alguien el pensar que la industria privada solo tiene un propósito, este es el de hacer dinero. De seguro, pero más puede el interés económico de algunos individuos que la economía colectiva de un pueblo. El propósito de maximizar ingresos está diametralmente opuesto al de prestar servicios al pueblo. Los servicios que el gobierno presta al pueblo provienen de la recaudación de impuestos y estos impuestos provienen de un porciento de los salarios de la clase trabajadora. Al eliminar empleos, eliminamos impuestos, y la economía se afecta. Como consecuencia, el gobierno tiene que eliminar servicios necesarios para cumplir con las necesidades nacionales. Es sencillo, nuestro gobierno está en bancarrota, por consiguiente no puede prestar servicios vitales, pero, más importante aún, no tiene de donde robar para seguir manteniendo su agenda política. ¿Recuerdan el IVU?

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Me pregunto, los eclesiásticos dicen que somos un pueblo amante de la paz, dócil y todas esas cositas lindas que en realidad hablan de nuestra falta de entendimiento comunal de los problemas sociales y nuestra falta de envolvimiento en la toma de decisiones a nivel nacional. No somos un pueblo amante de la paz, tenemos que abrir nuestros ojos. Las tasas de asesinatos, robos, abuso conyugal, drogas, en fin la gama de problemas sociales que aquejan la corteza social de nuestro país, va en franco aumento. Hay personas que no se atreven salir de su casa por el temor al vandalismo rampante que aqueja a nuestro país. Ya es casi imposible el compartir con los amigos en un cafetín durante la noche por el temor a los asaltos y los sucesos delictivos diarios que nos aquejan. En realidad, aparentamos ser víctimas de un pendejísmo nacional, un virus colectivo, que inhibe nuestra capacidad para el entendimiento de nuestra realidad viva. ¿Es acaso esto prueba de un pueblo que mora en paz? A mi entender, estos son los resultados de una nación cuya paz ha sido quebrantada, y que vive con miedo hasta de respirar. En fin, no somos amantes de la paz, tampoco dóciles, simplemente somos en exceso pendejos, y es tiempo de despertar de este largo letargo. No permitir que la imagen del manso cordero sea devorada por los lobos que acechan en cada encrucijada de la vida.

Me pregunto, el Palacio de Santa Catalina se ha reforzado de una manera nunca antes vista ¿por qué? Esta es una clara señal de miedo, por parte de nuestros representantes nacionales, que temen, con buena razón por cierto, que el pueblo se revuelva ante los mal pensados actos que se han suscitado en su contra durante los últimos meses. Temen al despertar del pendejísmo nacional que nos embriaga, temen al despertar de la conciencia nacional que late dentro de cada uno de nosotros. Temen que, finalmente, hablemos en una voz solidaria que exprese, ¡basta ya! Es tiempo de poner un paro ante los abusos a los que constantemente somos sometidos como nación, es tiempo que dejemos de pensar bajo colores partidistas y que obremos bajo los mejores intereses de los que moran bajo el amparo de nuestra Constitución.

Me pregunto, el paro nacional pautado para el próximo 15 de octubre ofrece la oportunidad única de demostrar solidaridad fuera de las líneas partidistas en una encrucijada crítica en nuestra coyuntura social y económica. Esta demonstración de poder debe unir en una manera parca, clara y precisa, a Estadistas, Estadolibristas, Independentistas, Socialistas, a los del Coquitazo, Demócratas y Republicanos, en fin, a todos los residentes en la Isla, sean o no boricuas, en un reclamo general ante una situación, llena de incertidumbres, neblinas y penumbras, que nos presenta nuestro gobierno. Debemos claramente expresar que las decisiones que se toman en pro beneficio de la clase pudiente, por nada deben afectar a los que menos pueden. El pueblo pide un gobierno del pueblo y para el pueblo, no un gobierno, del gobierno y para los amigotes del gobierno. Este es el momento de enfrentar a los que aterrorizan consistentemente a nuestro pueblo, como un frente nacional unido.

Me pregunto, hemos de permitir que el secretario de la gobernación, Marcos Rodríguez Ema, tilde de terroristas a las claras víctimas de las acciones de su gobierno. ¿No es acaso Rodríguez Ema quién a través de su comentario, presenta las bases a una clara confrontación de clases en nuestra nación?

Me pregunto, ¿hemos de continuar dejando que sea el movimiento sindical el que se mantenga al frente, como carne de cañón, ante una problemática que nos afecta a todos como nación? Es tiempo de detener este proceso, es tiempo de presentar una sola cara ante los problemas que nos aquejan, es tiempo de convocar a la humanidad boricua a que manifieste su deseo de paz, de hermandad y de unidad, ésta bajo una base real de dialogo y entendimiento nacional, no porque sea parte del pendejísmo comunitario al que, por años, hemos estado acostumbrados.

Debemos bendecir las circunstancias que nos llevan a esta encrucijada histórica. Al reconocer los males que nos aquejan, reconocemos la ineptitud de nuestros gobernantes, este modelo de acción, es una oportunidad de expresión comunal que en muy raras y contadas ocasiones se hace posible.

Este es el momento de presentarnos, unidos, como el arroz y las habichuelas, como un verdadero frente, en pleno, ante el ojo nacional e internacional. Es el momento de expresión, el momento de rendir cuentas, nuestro momento en conjunto. Imagino que mi pregunta es una que se cuestionan muchos amantes de nuestro patrimonio nacional y de su significado histórico para todos los boricuas.

Esperemos recibir una digna respuesta a una digna interrogante. Le contestación mora en nuestra hábiles y capaces manos, en nuestra conciencia colectiva y en nuestro amor por la justicia ciudadana.

Continuamos observando este doloroso proceso en el entendimiento de que la crisis ha de lograr la eventual síntesis de la problemática económica y social, y que nuestra nación, en su momento, ha de tomar el toro por los cuernos y ejercer el poder que nos otorga la Constitución Nacional para sacar a estos malandrines abusadores del poder. Este proceso debe ser causal para, eventualmente, devolver el ideal de un gobierno por el pueblo y para el pueblo como el norte de nuestra conciencia común.

Es la única manera de devolver la sanidad a nuestro pueblo, es la única manera de que podemos demostrar ser un pueblo amante de la paz y justicia, es la única manera de abandonar el pendejísmo nacional que nos abruma.

Recuerden hermanos, no podemos continuar haciendo el ridículo tranquilamente ante los ojos del mundo. En lo que a estos procesos consta, “esta terminantemente prohibido olvidar”.

Es un buen tiempo de recordarles a nuestros líderes que a su desenfrenada “trillita” solo le quedan 39 meses. La historia no olvida y es tiempo de que, como dice mamita, “se recojan a buen vivir”.

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Veamos si ahora, al igual que en una ocasión un ex-gobernante PNP expresó, “el pueblo habló, y yo obedezco”, esta vez el sentir ciudadano tiene que hacerse manifiesto de manera tal, que nuestros gobernantes no tengan otra opción que entender el desagravio nacional y el repudio total a sus actos. No le demos otra opción que no sea enmendar la causa. De no ser así, mostremos mollero constitucional, acudiendo al Tribunal Federal, y, al final de este cuatrienio, eliminemos a estas sabandijas y “soplapotes” de la realidad boricua mediante un resonante voto en repudio a su política.

A minutos de haber terminado esta nota, la Licenciada Sonia Rodríguez-Vallecillo, una de las personas seleccionadas por el Colegio de Abogados de Puerto Rico para observar el paro del día 15 me envió la siguiente comunicación.

“En estos momentos, mientras escribo estas líneas, acaban de dar la noticia por WKAQ sobre un sujeto que tiene una mujer secuestrada en un baño donde la mantiene con un cuchillo en el cuello. Los negociadores de la policía salieron para el negocio La Gran Vía donde, aparentemente, ocurre el secuestro”.

Otro claro ejemplo de que somos un pueblo “dócil y pacífico”, aunque sumamente quebrantado por los males sociales que enfrentamos diariamente, año tras año.

Todos aquellos que como deber ciudadano entiendan que deben respaldar el paro nacional pueden congregarse el próximo jueves, 15 de octubre frente a las oficinas del gobierno de PR (PRFAA) 135 West 50th Street (entre 6th & 7th Ave.) en la ciudad de New York a las 5:00. Es una oportunidad de demostrar solidaridad al unísono con nuestros hermanos en la Isla. “Dolor y Lucha venceremos”.

Mientras, desde “el solar de los aburridos” continúa el estribillo, “déjenme reír, para no llorar, esto está cabrón, déjenme cantar pa’ que la pena no duela tanto. Para empezar, el culpable de este infierno, es el maldito gobierno, que ha resultado incapaz”. Rubén Blades

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por Juan A. Moreno-Velázquez

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